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La Nana - Mi perfecto domingo

Qué difícil hablar de una película de la que todos hablan por estos días. Qué difícil aportar algún dato que no suene a refrito, sobre Sebastián Silva. O Peirano. Qué difícil evitar hermanar el personaje de Raquel con el eterno casting de nanas que ha hecho Catalina Saavedra en su carrera (incluso se me hace difícil no poner el afiche de La Nana en mi comentario).

Comentar algo ultranovedoso se me dificulta. Sólo podría comentar eso que nace desde lo más profundo: La Nana me conmovió, me dio risa, me puso a llorar, me puso la piel de gallina, me dio rabia, me sacó 1 solo bostezo, me impresionó, me recordó a mi nanita, me dio vergüenza, me dio culpa, me dio un gusto inesperado y me dio ideas.

Si tienen la posibilidad de ver La Nana en el cine, no dejen de hacerlo. No para seguir hablando del estado de salud del cine chileno: simplemente vayan a ver una excelente película (así, sin apellido). La mejor que hayan visto en un buen tiempo. Porque hay sensaciones que son personales y TRANSFERIBLES. Y esta película está plagada de esas sensaciones que uno carga por días.

 

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