
Tim Burton llega y apenas da tiempo para encender el grabador. Está
casi una hora atrasado, y el maratón seguirá en 20 minutos en otra
habitación del londinense Dorchester Hotel. Justo frente al Hyde Park,
donde el viento frío casi corta la piel, y agita las ramas desnudas de
unos árboles que se parecen bastante a los que el director imprime como
sello propio en sus películas. Y a su pelo.
"Llegué a esta
ciudad a fines de los '80, y la sentí mi casa desde el primer momento",
dice Burton, quien desde hace diez años vive aquí junto a su esposa, la
actriz Helena Bonham Carter y sus dos hijos. "Me gusta la gente, el
clima. En Los Angeles, si vas caminando, enseguida la policía te para y
te pregunta: 'Eh, ¿qué hace aquí, adónde va?'", actúa con voz de agente
represor el director, que ayer no más se codeó con la realeza británica
en la premier mundial de su Alicia en el País de las Maravillas.
En
el mundo Burton, la pequeña niña a la que Lewis Carroll le dio vida en
1864 es una chica de 18 años, a quien una serie de circunstancias la
llevan nuevamente a aquel universo imaginario, cuyo nombre ya no será
Wonderland (País de las Maravillas), sino Underland (Bajo tierra). Al
fin y al cabo, el título que llevaba el manuscrito que le regaló a
Alice Liddell, la niña que lo inspiró: Aventuras de Alicia bajo tierra.
¿Por qué decidiste ese cambio?
Parte
del problema que yo tenía con las versiones anteriores es que trataron
ser fieles al libro. Algo a lo que muchas veces obliga la industria. Y
en ese traspaso siempre algo se pierde. Además, lo que funciona en un
libro, no siempre funciona en la pantalla. Así, después de 21
versiones, ninguna puede ser considerada definitiva. Y ninguna me
gustó. De modo que mi intención fue llevar la idea del relato a otro
contexto, y crear una Alicia diferente.
¿Y cómo pasa El Sombrerero a ser el protagonista principal?
Bueno,
en ese cambio de contexto, intenté rescatar algunos elementos
vinculados con la parte más oscura de la historia. Y El sombrerero
siempre corporizó para mí el miedo. Si hubiera un símbolo del miedo,
para mí hubiera sido él, y lo seguiría siendo. Y en torno a esa idea se
fue armando el resto.
El resto, que no es poco, incluye a la
Reina Roja y a su hermana, la Blanca, al conejo blanco, la oruga azul
Absolum, Tweedledum y Tweedledee, el perro Bayard, el temible
Jabberwocky y la lista sigue, aunque con algunas excepciones, como
Humpty Dumpy y otros personajes secundarios, cuya exclusión Burton dice
que las acordó con la guionista, Linda Woolverton, en función de lo que
quería contar. Un relato que, al mismo tiempo, el director debió pensar
en función del formato 3D, una condición que Disney le impuso al cerrar
trato.
¿Cuál es tu sensación después de esta primera experiencia en 3D?
Creo
que logramos un buen resultado. Estoy contento de haberlo hecho en este
momento, porque no todas las películas son para hacer en 3D, y no
necesariamente se va a generalizar. Es posible que Hollywood se empeñe
en hacerlo. Pero todo dependerá de la calidad de las películas. La
tecnología 3D es como todo: puede ser usada para cosas buenas o malas.
¿Cómo fue el proceso de realización?
Muy
difícil. La mecánica de trabajar sin escenografía, sobre una enorme
superficie verde, con actores que hablan solos, para después llenar los
espacios y agregar personajes con la animación, es un proceso de ir y
venir sobre imágenes rodadas, a veces, semanas atrás. Mientras, en otro
lado se graban los diálogos de escenas que aún no fueron filmadas. Es
como una foto de Polaroid, que nunca termina de aparecer. Una locura.
Entonces,
Burton hace un paréntesis para destacar el trabajo de los actores, a
quienes reconoce que llama sabiendo que lo pueden sorprender cada vez
que trabajan juntos. Y con esa premisa, a Johnny Depp y Bonham Carter,
figuritas repetidas de sus convocatorias, el director sumó a Anne
Hathaway, la australiana Mia Wasikowska y Crispin Glover en los roles
principales.
Para Johnny y Helena, la filmación 3D también fue una nueva experiencia. ¿Te sorprendió algo de ellos?
En
verdad, Johnny es un tipo raro, que suele crear sus personajes
hablándole a una pelota de tenis que tiene en su mano. Y él, como
Helena, conocen el oficio. Pero la que me impresionó fue Mia, una
actriz que aún no ha recorrido mucho camino, que tuvo el trabajo más
difícil, y que lo resolvió con enorme solvencia.
Antes hablabas
de la industria, con la que no siempre te llevás bien, pero a la que
ahora regresaste. ¿Qué opinás sobre su momento actual?
La
industria está en una etapa de transición, de muchos cambios, no sólo
de soportes tecnológicos. Y suele reaccionar con retardo. El desafío es
adaptarse. No obstante, lo importante es que más allá de los cambios,
afortunadamente, lo que sobrevive es la experiencia de hacer cine.
Mientras
Burton habla de "hacer cine", el brillo de sus ojos atraviesa esa
especie de coraza que son sus anteojos, tan desproporcionados como
algunas de las criaturas de su nuevo filme. Hacer cine es una
experiencia que -dice- le permite llevar a la realidad los sueños a
punto de que se confunden como si fueran una sola cosa. "Son una sola
cosa", sentencia.
Justamente, en el filme, Alicia transita por ambos mundos, el onírico y el real, en busca de su identidad.
Exacto.
De eso se trata. De descubrir quién es. En un momento en el que no sos
ni joven ni viejo, en el que no te sentís cómodo en tu piel. Es algo
que a esa edad es muy importante, muy personal y muy simple.
En muchas ocasiones admitiste haber llevado a tus películas cuestiones personales. ¿Eso se repite en Alice?
Siempre
hay algo personal en las películas que hago. Cualquier idea que le doy
a un actor forma parte de lo que yo siento. Es inevitable. Siempre hay
una búsqueda personal.
¿Llegaste a alguna conclusión?
No. Sigo estando loco.
Fuente: Clarin.com.ar
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