
La muerte se antoja para el ser humano como esa insoportable incertidumbre suscitada por el no-estar. Esa asfixiante sensación de vacio infinito que acaba con nuestra actividad neuronal en una nebulosa imprenetable; una incógnita que enfrenta el raciocinio a la naturaleza finita del hombre; la locura de augurar qué seremos cuando dejemos de existir, cuando el pensamiento se extinga y el físico se corrompa. Todo desemboca en un implacable agujero negro colmado de preguntas sin respuestas que han originado una heterogénea pléyade de religiones, doctrinas, saberes paranormales, fundamentalismos y vendedores de certezas autocomplacientes. ¿Qué hay más allá de la vida?








