
Tim Burton llega y apenas da tiempo para encender el grabador. Está
casi una hora atrasado, y el maratón seguirá en 20 minutos en otra
habitación del londinense Dorchester Hotel. Justo frente al Hyde Park,
donde el viento frío casi corta la piel, y agita las ramas desnudas de
unos árboles que se parecen bastante a los que el director imprime como
sello propio en sus películas. Y a su pelo.
"Llegué a esta
ciudad a fines de los '80, y la sentí mi casa desde el primer momento",
dice Burton, quien desde hace diez años vive aquí junto a
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